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| [03/03/2011] |
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| Una oportunidad perdida.
Enrique Aguirrezábal |
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Ya lo dije hace unos días en estas páginas. No pasa nada, absolutamente nada, si por una decisión del Tribunal Supremo Sortu no tiene cabida en el Registro de Partidos Políticos. A lo más, sería un fallo judicial contra el que, gracias a un Estado de Derecho que algunos porfían en debelar con el uso de las armas (más 180 kilos de nitrato amónico -que no es abono de uso agrícola- y 15 de nitrometano -que sólo de ver la fórmula química regurgito-), cabe recurso ante el Tribunal Constitucional. Y si aún éste se muestra contumaz y no permite la inscripción del nonato partido y su posterior concurrencia electoral, siempre queda la posibilidad de acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos a probar suerte.
Sin ambages, Sortu es Eta y viceversa. Mejor ocasión que la de anteayer para poner negro sobre blanco -en vez de rojo sobre el negro asfalto- propalando que abominan del uso de la violencia para la consecución de determinados objetivos políticos, puede que no se presente en las fechas porvenires, fechas en las que las elecciones apremian.
Así, tras la detención el martes de un comando de presuntos, abastecidos de material pirotécnico de uso vario, cabía esperar que los promotores del partido en ciernes salieran a la palestra y dijeran al respetable que se congratulan de la detención de los que otrora fueran de los suyos y, de paso, que ése es el camino, el único para orillar a quienes no respetan las reglas del juego en un Estado de Derecho. Tan sencillo como esto. No está en mi ánimo requerirles vítores a la Guardia Civil -como al parecer sí despepitaba la tía del etarra Chapote, presa de un paroxismo sin par por el éxito de la operación-, ni muestras de fervor hacia la política antiterrorista desplegada, por fin, tras el fallido proceso de paz. Bastaba y sobraba con expresar que las aviesas intenciones de quienes presuntamente han dejado pensionados a Paqui Hernández e hijos se compadecen requetemal con las suyas. Pero no ha sido así. Han optado por achantar la mui. Y esto, tratándose de quienes se lampan por ser un partido político, invita a la sospecha.
Ser un partido político es algo más que redactar unos estatutos acomodados a la ley. Los partidos, en nuestro Estado constitucional, y a pesar de la corrupción que se ceba en ellos, son un pilar fundamental para el sostén del régimen de libertades de que nos hemos dotado en la Carta Magna. No podemos olvidar que, como ya sentenció el Constitucional en 1981, todo Estado democrático es un Estado de partidos. Y los partidos políticos no son una mera asociación de las reguladas en el artículo 22 CE. A aquéllos se les exige un plus en su alumbramiento y, lo que es más importante, se les endosan, por vía del artículo 6, unos cometidos constitucionales de primer orden que conviene recordar: expresar el pluralismo político; concurrir a la formación y a la manifestación de la voluntad popular; y, cómo no, ser el instrumento fundamental para la participación política.
Con esas consideraciones queda claro que los partidos políticos no pueden abstraerse de la realidad. Qué duda cabe que han de interpretarla de acuerdo a su prontuario ideológico y, a partir de ahí, darla a conocer a la opinión pública. Pero lo que no cabe es que ante un hecho tan palmario como es la detención de cuatro gañanes de un almacén de explosivos y armas -que a saber qué irían a hacer con todo ello-, nada se diga.
Juzguen ustedes. Pasen a Sortu por el tamiz constitucional, y por muy poco tupido que sea el cedazo, verán que tras mucho menearlo no caerá nada al coleto de la democracia. Sobre la tela se quedará la verdad de su identidad. Pistolas, explosivos, matrículas y carnés falsos, una serpiente y un hacha. Y nada más. Ni siquiera su ideología, por muy respetable que sea, llegará, entre tanta herramienta y reptil, a escurrirse entre los gruesos poros del tamiz. Demasiados obstáculos para alcanzar la democracia externa que exige la Constitución y la ley de partidos. Lo siento. Otra vez será.
ENRIQUE AGUIRREZÁBAL El Mundo
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