10 Aniversario Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco
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[09/02/2010]
Pedro Samuel Martín alcalde de Carbajosa y víctima de eta en noviembre de 1991
“Le debo la vida a Luís; siempre estaré ahí, defendiendo a las víctimas y su memoria”.

El pasado viernes, fiesta de las Águedas, Pedro Samuel Martín cedió por un día el bastón de mando de su localidad, Carbajosa de la Sagrada, de la que es alcalde desde septiembre, a las mujeres. Su actividad social comenzó hace muchos años y siempre con un denominador común que se mantiene en su agenda política: la atención a las víctimas del terrorismo. Él mismo es una de ellas. El 16 de marzo de 1991, cuando trabajaba como guardia civil, sufrió un atentado de ETA en San Sebastián, mientras se dirigía hacia el cuartel de Intxaurrondo junto con otros tres agentes. Uno de ellos, Luís Aragó, falleció y está siempre en su memoria. Antes de reunirse con miembros de la AVT regional, atiende a TRIBUNA recién llegado de Bruselas, donde ha participado en una visita al Parlamento Europeo.

Parece que ahora Europa sí define y entiende ETA como lo que es, una banda terrorista, ¿o todavía falta un esfuerzo de comprensión?

Aún falta porque ellos tienen en el Parlamento sus representantes, mediáticamente se mueven bien, tienen conexiones con Irlanda y con otros grupos extremistas. Hay que hacer una labor para contrarrestar eso y es un trabajo muy difícil. Teresa (Jiménez Becerril) siempre lo ha dicho, es europarlamentaria para prestar su voz a las víctimas del terrorismo.

¿Cómo se encuentra ahora Pedro Samuel Martín casi diecinueve años después del atentado?

Bien. Sufrir un atentado terrorista es algo que no se olvida nunca. Es una experiencia que te marca, en todos los aspectos, de por vida. Hay un antes y un después. Tu vida cambia por completo desde el punto de vista familiar, social, en tu conducta. Intentas poco a poco superarlo, aunque no se supera nunca. El atentado ocurrió en 1991 y fue un año muy sangriento. Cuando uno sufre un atentado, lo que quieres es tranquilidad y olvidar, entonces, cuando se repiten cada poco tiempo, es muy difícil. En ese año, fue también el atentado de Irene Villa y su madre, a las que me une una amistad muy intensa. Cuando crees que puedes comenzar el proceso de recuperación emocional y ves esas imágenes...

¿A qué se refiere cuando comenta que ha experimentado cambios de conducta?

Soy ahora más asustadizo y desconfiado. Hay conductas que uno aprende y que no las suelta, como el mirar a derecha e izquierda cuando vas a salir o mirar debajo del coche. Hace poco se detuvo a un comando en Zamora, y siempre dices, ¡uff, y no estarán por aquí!

¿Cómo afectó el atentado de ETA a su familia?

Afecta a todo tu entorno. En el atentado murió un compañero que era mi amigo. Muchas veces los familiares no saben cómo protegerte, cómo cuidarte, es muy difícil. Yo he empezado a llorar no hace mucho, cuando fui representante de la AVT en Castilla y León. Hicimos un recorrido con un autobús por toda España para contrarrestar una campaña del Gobierno vasco que buscaba humanizar la situación de los presos, algo que nos pareció triste e indigno, cuando a nosotros el único consuelo que nos queda es ir a los cementerios a ver nuestros muertos. Ese viaje emocionalmente me superó, no había sido capaz de llorar nunca, pero me derrumbé al final del recorrido, en Murcia, tras escuchar los testimonios de tantas viudas y madres. A partir de esa fecha, me he vuelto muy susceptible y es inevitable la emoción. Ahora, me afecta más que antes. Con cualquier acto, me emociono fácilmente.

¿De dónde sacan las víctimas del terrorismo esa fuerza y entereza que les caracteriza?

Hay que sacarla. La primera sensación que tuve al sufrir el atentado era que iba a ser incapaz de superar esta situación. ¿Qué va a ser de mí? Pero vas evolucionando y te vas haciendo fuerte. No te puedes permitir dar el gusto a los terroristas de que te hagan más daño. Es importante que las víctimas del terrorismo exterioricemos nuestras experiencias, que la gente sepa que le puede afectar a cualquiera. Antes los terroristas iban contra grupos concretos, pero ahora con el terrorismo islamista, con la globalización, le puede tocar a cualquiera, como sucedió el 11-M. Tengo amigos, incluso unos padres que perdieron un hijo, que sobrevivieron en ese atentado y lo que hacemos es unirnos. Aquí en Salamanca somos un grupo muy fuerte que nos reunimos una vez al mes, somos una gran familia.

¿Ha vuelto a ir a San Sebastián?

No. Este viaje que he hecho a Bruselas era la primera vez que montaba en avión, era una barrera infranqueable porque tenía miedo a volar. Me he propuesto otra cosa, no tardando volver a Donosti, donde tengo unos recuerdos maravillosos como ciudad. Soy donostiarra, nací allí. No puede ser un impedimento el atentado para disfrutar de San Sebastián, como ha sido hasta ahora. Me voy a escapar un fin de semana, quiero ver San Sebastián. Sé que la farola a la que estaba adosada la nevera de verano (allí escondió ETA la bomba) sigue sin reponerse y estando el hueco, no sé cuál es su sentido, pero intentaré regresar. Es una manera más de subir otro peldaño para superarlo.

¿Participará en el VI Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo?

Sí, creo que será un acontecimiento muy importante para Salamanca. He estado colaborando durante mucho tiempo en la Universidad San Pablo CEU y estaré siempre en todo aquello que sea relacionado con las víctimas del terrorismo y reivindicar lo que pedimos: memoria, dignidad y justicia. Hemos luchado durante mucho tiempo cuando se estaba negociando con los terroristas. En la reunión con Peces Barbas, para nosotros fue un auténtico insulto que nos dijera que teníamos que ceder. ¿Qué más podemos hacer las víctimas del terrorismo que dar la vida? Con los terroristas, lo que hay que hacer es detenerlos y que cumplan sus condenas íntegramente. No pueden tener ningún trato de favor porque ellos no lo tuvieron con los asesinados. A mí me marcaron un día, a Luís le marcaron el día que tenía que morir. No se trata de ser vengativo, lo único que pido es justicia. Le debo la vida a Luís Aragó Guillén, estoy vivo por él. Se lo debo todo, y por él, y por los que no están, siempre estaré ahí defendiendo a las víctimas y su memoria y justicia, porque ante todo soy víctima del terrorismo porque me lo han impuesto, yo no he querido serlo.

¿Qué es lo que le motivó entrar en asociaciones que atienden a las víctimas del terrorismo?

Tras el atentado, vino a verme al Hospital una señora mayor llamada Dolores que formaba parte de la AVT. Las asociaciones se interesan por las víctimas, con sus equipos psicológicos y jurídicos. De esta manera, empezó un lazo de unión con la asociación. Cuando estuve en la dirección de la AVT, tuvimos una gestión social, que es la más importante, pero también reivindicativa sobre que el Gobierno estaba negociando con ETA. El propio presidente del Gobierno reconoció que negoció y cedió con los terroristas.

Hablando de Zapatero, ¿qué le parece su ausencia en el congreso?

Un insulto a las víctimas. Ya no es que venga, es que no ha contestado a la carta de invitación, ha dado la callada por respuesta.

¿Están más contentas las víctimas con la actual política antiterrorista y con el nuevo Gobierno vasco?

Los terroristas y su entorno tienen un fin, atentar y seguir manteniéndose en las instituciones. Ha sido una decisión acertada echar al PNV de las instituciones, pero ANV sigue en los ayuntamientos y es porque el Gobierno no ha hecho mucho por echarles. Al terrorismo hay que combatirlo en todos los frentes, al terrorista que pone bombas, al dedicado a las finanzas, al político, hasta que no se deshaga ese entramado soy muy escéptico. Creo que se negoció, y no sé si no se negociará otra vez.

ETA, además, ha perdido el liderazgo terrorista tras el 11-M, ¿cómo han acogido las víctimas de la banda a las del ‘yihadismo’?

Un atentado, indistintamente de quién lo comete, es un atentado, y las secuelas son las mismas. Da igual, el resultado, es una familia destrozada, una muerte, un herido. Los terroristas son todos iguales. Tras los atentados del 11-M, las víctimas hicimos unas terapias conjuntas en el Monasterio de Piedra, en Zaragoza. Conocí a dos personas, a Gabriel Moris, que fue vicepresidente de la AVT, y a Pedro, que era un viudo con dos hijos de la misma edad de los míos y que entonces sólo pensaba en morir. Pedro ha rehecho su vida. Me decía que había encontrado un gran consuelo en esos días tras ver cómo personas que habíamos pasado lo mismo habíamos podido superarlo.

J. ROMERO Tribuna.net



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