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[25/11/2011]
El error de Eguiguren. Santiago González
En la última columna publicada aquí terminaba con un augurio pesimista acerca de Jesús Eguiguren: «Rufi Etxeberria explicaba ayer en entrevista a doble página de El Correo: «Aún podemos crecer entre los votantes del PNV, PSE e IU». Tiene razón. Y aún falta Eguiguren para acabar de bildunizar los restos de su partido. Esto no tiene muy buen aspecto, no sé si me explico».

Ya no falta nada. Eguiguren se ha expresado en una entrevista que es un monumento al surrealismo a partir del titular: «Si Rajoy no empuja en favor de la paz habría que romper con el PP vasco». La Humanidad no había conocido un genio como éste desde que John Kennedy Toole alumbró a Ignatius J. Reilly en La conjura de los necios. Rajoy habrá ganado las elecciones, pero no conoce el temple de Eguiguren, ni su capacidad para el desafío: «O empujas por la paz o le pego un tiro al lehendakari».

Mire vuesa merced que son molinos, que el lehenda es de su partido de usted, no del de Mariano Rajoy, y lo único que le sostiene en Ajuria Enea es ese PP vasco con el que usted quiere romper tan gallardamente. Yo creo que algo debería decir sobre esto el socio de López. Y el propio lehendakari tendría que hacer acuse de recibo: «Hombre, Jesús, ¡no jodas!, con lo que nos ha costado llegar hasta aquí y ahora vas tú y secundas la exigencia que me hacen el PNV y Amaiur para adelantar las elecciones».

El presidente del Partido Socialista de Euskadi (PSE) no acaba de entender el peor resultado de su historia. «Algo estaremos haciendo mal si no hemos sido capaces de capitalizar esto [la paz]», dice, para que no queden dudas de que su interés no era de carácter electoral.

«No estoy dispuesto a perder un solo voto porque el PP viva de fantasmas del pasado », dice más tarde, abundando. Impresiona que, en el siglo XXI, un dirigente socialista pueda equiparar al lehendakari de los vascos con el Moisés de los judíos: «Un lehendakari tiene que elevarse por encima del Gobierno y ser una especie de líder de todo un país, que le diga adónde vamos. Y los que le rodean y las obligaciones diarias no le dejan hacer esta reflexión». Entre pueblos elegidos anda el juego. Es tradición que a sus guías les entretengan por el desierto camino de la tierra prometida.

A partir de semejante disparate, barra libre, que el lehendakari «se ponga en primera línea del proceso de paz, en contacto con los facilitadores internacionales» y que presida la mesa de partidos que se frustró en Loyola.

Nadie le ha explicado al pobre lo que Txema Montero había visto claro en Deia, que los Reyes Magos del proceso son los guardias civiles, no los padres ni la cuadrilla de Brian Currin. El presidente del PSE vive prisionero en el partido equivocado y se está hormonando para convertirse en Bildu.

Dos páginas en este plan, con una tontería o más en cada respuesta, desde el titular, como digo, hasta la última frase. Ésta: «Y me paran señoras que me dicen que rezan por mí». Les pasa a todos los orates. Fíjese, don Jesús, que no me extraña. Es más: a mí me gustaría ser creyente para poder rezar por usted, porque mucho me temo que lo suyo no se cura con métodos normales.

SANTIAGO GONZÁLEZ El Mundo

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