10 Aniversario Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco
english
euskara
INICIO
Si quieres recibir información envíanos tu correo    
  Acepto las condiciones |
IX Premio Internacional Covite
Discursos
Fotografías
Artículos
<< VOLVER A TODOS LOS DISCURSOS
DISCURSOS DEL IX PREMIO INTERNACIONAL COVITE
Lectura de la carta de Juan Luis Ibarra por Javier Urquizu.

Buenos días, un saludo muy afectuoso para todos y, por supuesto, gracias por estar aquí.

Antes de proceder a leer las palabras de Juan Luis Ibarra, Presidente  del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, no me resisto a hacer un par de reflexiones…

La Primera:

Una pequeña anécdota: Pasado mañana yo tendré exactamente la misma edad que tenía mi padre cuando fue cobardemente asesinado: 55 años, 8 meses y 2 días…

Aunque es evidente, por tanto, que hace ya “un rato” que cumplí los 20… tengo desde luego muchas, muchísimas, ilusiones y proyectos… Como las tenía él… Como las tenían todos y cada uno de los asesinados…

Reclamo para mí, y por supuesto para todos, que el conseguir o no materializar y llevar a cabo dichos proyectos e ilusiones dependa EXCLUSIVAMENTE  de mi habilidad o torpeza para ello… y no de que ningún fanático asesino se cruce en mi camino ni en el de nadie.

Reclamo para mí y para todos   ese derecho…   sagrado e incuestionable.

La segunda:

Cuando se nos hacen homenajes, como ocurre en los últimos tiempos… queremos, decir bien claro lo siguiente:

Bienvenidos sean, siempre que se hagan de corazón (cosa que por desgracia no siempre ocurre… y puedo dar - lo he hecho en otros contextos - fe de ello en 1ª persona con todo lujo de detalles)… bienvenidos sean, sí, si se hacen de corazón, aunque sea tarde… pero que nadie pretenda SUSTITUIR con dichos homenajes al mejor, al más auténtico y genuino que se nos puede hacer…que no es otro que una práctica social y política (cada uno, evidentemente,  dentro de sus posibilidades y con las herramientas de que dispone) que busque la DERROTA SOCIAL, LEGAL, POLÍTICA, EDUCATIVA Y POLICIAL DEL TERRORISMO.

Otra cosa no sería más que un “pasatiempo” escenificado con mayor o menor aparatosidad y un “apañito” para intentar lavar malas conciencias y pasar página apresurada y chapuceramente sobre un período de nuestra Historia en el que ocurrieron cosas que jamás debieron suceder…

Aprendamos al menos de ello… cosa que no sería posible obviando la verdad de lo ocurrido y/o “adornándola” en mayor o menor grado, en definitiva falseándola…

Finalmente, matizar, una vez más, que cuando las Víctimas del terrorismo hablamos de la necesidad de derrotar a ETA no es que eso sea una reivindicación por nuestra parte… sino que es algo que viene marcado por la propia naturaleza de los hechos, independientemente de nuestra voluntad… es imposible el “empate” y por tanto la “equidistancia” entre quienes funcionan bajo los parámetros de “impondremos lo que queremos, os guste o no, absolutamente nada nos detendrá”… y quienes creemos en el valor sagrado de la vida humana y de la resolución inteligente y razonada de los conflictos como base de la convivencia. Lo queramos o no, por la propia naturaleza de los hechos, insisto, necesariamente habrá vencedores y vencidos en ésta lucha. La cuestión es quien estará en cada bando al final de la Historia…

 

Dicho esto, paso a continuación a leer las palabras de Juan Luis Ibarra Robles…

Queridos amigos de Covite:
El Premio Internacional COVITE a las actuaciones a favor del recuerdo y apoyo a las víctimas del terrorismo ha incrementado su valor cívico, año tras año, por efecto reflejo de la ejecutoria ejemplar de las personas a quienes habéis premiado.

En la edición de este año vuelve a repetirse el fenómeno. Distinguís y dotáis de prestigio a Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García por una obra hecha en común que acredita y realza la pertinencia social del Premio Internacional COVITE. Porque la publicación del libro “Vidas rotas” de la que son coautores nos ha aportado un instrumento inédito e imprescindible para la inclusión de las víctimas del terrorismo en el relato fundacional de nuestra democracia.

En el relato, en definitiva, que dota de sentido a la convivencia pública basada en los principios del Estado democrático de derecho y que cotidianamente nos permite reconocernos como ciudadanos libres e iguales ante la ley.

El relato sigue siendo la mejor guía con la que contamos para entendernos en nuestra condición de sociedad. Y el relato de las vidas rotas por la barbarie terrorista de ETA resulta imprescindible para progresar en el desarrollo ético de las mujeres y de los hombres que integramos la ciudadanía del País Vasco.

 La mirada hacia atrás nos muestra el resultado de un empeño por el que un grupo de personas ha debido luchar incansablemente en los últimos veinte años.

La obra de Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García no inicia el accidentado camino de la recuperación de la memoria de las víctimas del terrorismo para la sociedad y para la democracia.

¡Cómo no recordar, todavía en el pasado siglo, la publicación por Pedro Mari Baglietto de “Un grito de paz. Autobiografía póstuma de una víctima de ETA”, con el prólogo de Patxo Unzueta!

Y, aún antes, el relato de las víctimas de ETA como discurso fundacional de la democracia en el País Vasco está ya muy presente en el ensayo que Luciano Rincón, el genial  bilbaíno de Santoña, tituló “El divorcio de Julieta”, publicado en el periódico El País el 10 de noviembre de 1983.

En el texto de Pedro Mari Baglietto se describe en primera persona la persecución y el asesinato de su hermano Ramón Baglietto, en el anochecer del 12 de mayo de 1980, a manos de Cándido Azpiazu, entonces militante de ETA, a quien Ramón, dieciocho años atrás, había salvado la vida.

 

Pedro Mari nos transmite, de manera vivencial, ese sentimiento de común humanidad que alimenta la solidaridad humana. Ese sentimiento que hace plausible un relato literario, convertido en grito de paz, en el que Ramón se sigue reconociendo, con orgullo y con esperanza, en la experiencia humana que evitó la muerte del niño que dieciocho años después le quitaría la vida a mano airada.

En el texto de Luciano Rincón, se denuncia la cesión, la pasividad, la vista gruesa, el silencio, el disimulo y el emborronamiento de la realidad en el que habitan las personas que se empeñan en negar el divorcio del pueblo vasco con ETA.

Esta miseria moral presente en esa parte de la comunidad que no acaba de decidirse a llamar asesinatos a los asesinatos, es la que se reitera en los relatos de otra obra reciente, “Hablan las víctimas, una visión íntima”, editada por las Juntas Generales de Gipuzkoa. En ella se documentan los testimonios orales relatados por ocho víctimas y familiares de víctimas del terrorismo en el acto celebrado el 1 de abril de 2009 en el salón de plenos de las Juntas Generales.

Se puede continuar esta relación con la cita de otros periodistas, historiadores, politólogos, directores de cine y artistas que han contribuido, que están contribuyendo, a hacer realidad la mirada sincera de los vascos hacia un pasado reciente del que nos avergonzamos en cuanto sociedad políticamente organizada. Y que nos permite albergar la esperanza en que se alcance el objetivo marcado por Hannah Arendt, tras el holocausto nazi: “En la medida en que realmente pueda llegarse a superar el pasado, esa superación consistiría, siempre, en narrar lo que sucedió”.

Aquellos a quienes hoy concedéis el Premio Internacional COVITE nos han narrado lo que sucedió entre 1960 y 2009 cuando unos delincuentes amparados en unas siglas en las que de forma infame se invoca al pueblo vasco y a la libertad, rompieron las vidas de 857 personas. Mis felicitaciones, singularmente a mi entrañable amigo Florencio Domínguez, por tan merecido reconocimiento. Con un fuerte abrazo para los tres.

Atentamente

Juan-Luis Ibarra Robles
Presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco

  Subir
Aptdo. de Correos 3358 · 20080 San Sebastián (Gipuzkoa) (España) | Tlfn: (34) 943.32.28.88 Fax: (34) 943.43.19.70
Visítanos en YouTube