Excelentísimas autoridades, queridas víctimas, queridos amigos todos.
Estamos aquí hoy por que otros vecinos vascos decidieron un día libre y voluntariamente asesinar a nuestros familiares, herirnos, perseguirnos, amenazarnos, injuriarnos. Dicen que lo hicieron por defender la patria de los vascos, por instaurar un orden socialista y revolucionario que nos ató a su totalitarismo y no nos ha traído sino desgracia. Las víctimas se quedaron sin patria, entendida ésta como el lugar cóncavo de los afectos, sin orden, sin libertad, sin aquello que más amamos: nuestros padres, nuestros hijos, nuestros esposos, nuestros hermanos. Nos rompieron la vida y decidimos recomponerla, sabiendo que un trozo fundamental de la misma lo perdimos para siempre, irreversiblemente. Han matado porque así lo decretaron y porque han creído que su adoctrinamiento, su sectarismo, su fanatismo y su intolerancia son más importantes que la vida humana, que la libertad de elección, que la pluralidad de opciones y credos, que la convivencia pacífica entre diferentes sujeta a la ley democrática.
Ante nuestros ojos, entre nuestras vidas cotidianas han creado y extendido una ideología de exaltación del odio y de la muerte, de justificación de la barbarie llegando incluso a escenificar un victimismo lleno de culpa y sinrazón. Han vertebrado sus mentiras políticas a través de una ideología racista y sectaria que han logrado filtrar en la cultura, la enseñanza, las relaciones sociales, las iniciativas juveniles, los medios de comunicación, la legitimidad político institucional conformando un mundo al revés que ha permitido y permite por ejemplo que todavía hoy para muchos vascos reclamar justicia sea un acto vengativo y legitimar el terror una propuesta de paz. Esto ha ocurrido por complacencia, colaboración o interés, también por miedo. Esto ha ocurrido porque la ideología nacionalista en todas sus intensidades y colores ha pretendido hacerse dueña del País Vasco y tratar como advenedizos a todos los ciudadanos vascos que compartimos identidades múltiples y defendemos las leyes fundamentales que han hecho del pueblo vasco una sociedad de ciudadanos vascos: la Constitución española y el Estatuto de Gernika.
Algún día, al igual que la sociedad alemana, salvando todas las distancias, se asumirán las responsabilidades institucionales, políticas, sociales y personales de este drama inacabado que seguimos sufriendo. Hemos iniciado una nueva era, la de la racionalidad y la auténtica normalización política, lenta y esperamos que imparablemente, un camino lleno de baches y precipicios interpuestos por todos aquellos que siguen defendiendo las teorías del conflicto, la virtualidad del diálogo con la banda y quieren seguir sacando beneficios políticos también ante el final de ETA.
Miles de personas, padres, madres, hijos, hijas, esposos, esposas, hermanos, hermanas, amigos, compañeros fueron arrebatados y humillados injustamente y persiguen nuestras conciencias. Miles de historias que “VIDAS ROTAS” recoge en un acto de honestidad con la realidad de los hechos y de las vivencias en una investigación empírica infinita, como infinito es el dolor injustamente producido por vecinos nuestros, conciudadanos. No debemos olvidar nunca que ETA ha asesinado a 858 seres humanos, 576 en el País Vasco de los cuales 178 eran vascos y 398 ciudadanos del resto de España. Recordemos que 497 víctimas mortales eran miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y militares, en activo o retirados. Recordemos que ETA ha matado a amas de casa, empleados, funcionarios, jubilados, periodistas, bebés, empresarios y estudiantes, que ETA ha realizado masacres como la de Hipercor con 21 víctimas mortales y asesinatos selectivos para extender el terror, aleccionar, acallar o exterminar a miembros de partidos políticos considerados enemigos, no nacionalistas. Conviene no olvidar.
Hoy hace veinticinco años aparecieron asesinados en el monte Ulia de esta ciudad los policías Máximo Díaz Bardera y Francisco Rivas López. Según relata VIDAS ROTAS la noche del 21 de mayo de 1985, el perro del policía Francisco Rivas López apareció en el domicilio del agente. Había llegado solo. Su amo, acompañaba al agente Máximo Díaz Bardera y a la perra de este, habían salido de su casa del barrio pasaitarra de Trincherpe hacia las 16 horas para dar un paseo por el monte. A las 21:00 horas, cuando las familias se extrañaron de que no hubiesen regresado, presentaron una denuncia. A las 9:30 horas del 22 de mayo, los responsables del rastreo recibieron una noticia. Una llamada en nombre de ETA a Egin describió detalladamente la ubicación de los cuerpos de los dos agentes. Varios policías se dirigieron hacia la zona y al acercarse oyeron un gemido. Aquel quejido era el aullido de tristeza de la perra de Máximo, que estaba recostada sobre su pecho. Ambos hombres tenían un disparo en la sien. En medio de los dos agentes apareció un ramillete de margaritas. Según la Policía eran las flores que una de las víctimas había recogido para su mujer durante el paseo. Máximo Díaz Bardera, de treinta y cinco años era natural de Pedro Bernardo, Avila, casado y con tres hijos de ocho, seis y tres años. Llevaba once trabajando en San Sebastián, era el encargado de la centralita de teléfonos del Gobierno Civil. Francisco Rivas López tenía cincuenta años cuando ETA le asesinó, había nacido en Torremocha, (Guadalajara), estaba casado y era padre de una hija de diecinueve años. Su viuda, Conchita Ayerbe es compañera de Covite. Los asesinatos de Máximo y Francisco nunca fueron resueltos judicialmente. Conviene no olvidar.
Queremos no olvidar en especial a todas las víctimas anónimas, a las miles de personas que tuvieron que esconder su condición de víctimas del terrorismo, que fueron insultadas, perseguidas y maltratadas, en especial en la década de los setenta y los ochenta y en especial en esta tierra.
Permitidme que nombre a una de estas víctimas que gracias a VIDAS ROTAS hemos podido conocer personalmente, Esther, que hoy nos acompaña junto a su hermana Belén. Sentid desde aquí nuestro cariño y consideración por el calvario que habéis tenido que pasar junto a los tuyos y por el olvido de tantos.
Marcos García Rey, Rogelio Alonso, y Florencio Domínguez, con su trayectoria y con la publicación de un estudio y un trabajo de años, VIDAS ROTAS nos han puesto en bandeja la concesión del premio Covite este año. En nuestra última asamblea propusimos premiar a los huérfanos del terrorismo, cientos de hombres y mujeres que quedaron solos, sin padre, sin madre o sin los dos y que no han sido lo suficientemente estudiados ni atendidos en la complejidad de su victimación. Nos pareció premiarnos a nosotros mismos y por pudor rechazamos la idea. VIDAS ROTAS nos permite a través del trabajo ingente, riguroso, coherente, humanista de los autores homenajear a los verdaderos protagonistas de la barbarie terrorista de ETA, último grupo terrorista de la Europa democrática que lleva vivo y amargándonos la vida más que el propio franquismo, casi cincuenta años. Esta obra es un monumento de palabras, como así la ha definido Maite Pagazaurtundua y nos permite premiar el significado y el sentido del sufrimiento de las víctimas que aspira a una Memoria sentimental y también a una Memoria política y social que de valor a tanto sufrimiento injusto provocado por una deformación fanática de la identidad política. No nos cansaremos de repetir que VIDAS ROTAS, obra que plasma lo mejor de la dedicación, el compromiso y la excelencia en su campo de los autores, recoge las líneas ideológicas dentro de las cuales debe ser entendido el sufrimiento y el devenir de las víctimas del terrorismo de ETA. El libro expresa (en palabras de los autores) “la gran deuda que la Democracia vasca y española han contraído con las víctimas porque el sacrificio de tantos ha contribuido al fortalecimiento de la democracia vasca y española y por lo tanto esto tiene obligaciones morales y políticas”. Para Covite estas obligaciones pasan por la no negociación con ETA, la imposibilidad moral y política de contraprestaciones de ningún tipo por dejar de matar y la aberración ética de una política antiterrorista, de una definición del problema de ETA basadas en el olvido y la impunidad. VIDAS ROTAS descubre en toda su dimensión al terrorista de ETA como un totalitario que aplica la deshumanización de las víctimas como parte de una estrategia de justificación de las reivindicaciones nacionalistas por las que ETA mata, expresan los autores.
Por lo tanto deslegitimar el terrorismo es imposibilitar por todos los medios legales, con terrorismo y también sin terrorismo, un proyecto político que utiliza medios ilegales y antidemocráticos y que debe ser compatible con los principios democráticos fundamentales, como así ha dejado explicada la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo respecto a la ilegalización de ETA Batasuna. VIDAS ROTAS hace transparente el significado político de las víctimas del terrorismo en la eterna lucha entre barbarie y civilización, ciudadanía y tribalismo, democracia o dictadura. Este es el motivo por el que nuestra presencia, nuestra trayectoria, nuestro discurso es necesario no tan sólo para deslegitimar el terrorismo sino para legitimar la libertad política, los derechos de ciudadanía, el imperio de la ley democrática, la tolerancia con el diferente siempre y cuando éste utilice las mismas reglas de juego, la defensa de la Constitución y el Estatuto de Gernika sin los cuales no somos entidad política ni ciudadanos vascos. Las víctimas, con su sola presencia representamos los mejores valores de las sociedades normalizadas y por esto las aulas, del País Vasco necesitan nuestra visión y nuestra voz.
COVITE lleva once años defendiendo las mismas ideas, los mismos principios, la misma definición del terrorismo, la misma estrategia antiterrorista. Memoria, Verdad, Dignidad y Justicia se ha convertido en un mantra que inspira nuestra actuación como víctimas, que une a la mayoría social de las víctimas del terrorismo organizadas, que delimita las líneas rojas que no se pueden atravesar sin menoscabar la realidad y el significado de las vulneraciones de derechos humanos fundamentales que hemos padecido. Memoria, Verdad, Dignidad y Justicia que impide que se vuelva a negociar con los terroristas, que se les regale impunidad, otra vez, que se les premie por declarar cuatro banalidades insustanciales en una carta mal escrita que legitima a ETA.
COVITE se rebeló contra el olvido y la impunidad. El olvido que quieren imponer aquellos que parasitan en las teorías del conflicto y que reparten el dolor entre culpables e inocentes sin pudor, todos los días. La impunidad que quieren conseguir los que siguen reclamando amnistía. La impunidad de todos los crímenes de ETA aún sin resolver. Según los autores de VIDAS ROTAS, tras investigar la situación judicial de cada asesinato de ETA, el 50% de estos crímenes no han sido esclarecidos. La impunidad de los terroristas que escaparon y se valieron de la inacción internacional cuando no de su colaboración, de los que han vivido y viven tranquilamente esperando la prescripción de sus delitos. La impunidad de los 43 ayuntamientos vascos gobernados por ETA y de los que van a intentar volver a reírse de la legalidad, una vez más, y presentarse a las próximas elecciones municipales sin haber repudiado a la banda, en sus fines y sus medios, sin haber pedido excusas por el daño causado defendiendo un proyecto político que viola y violenta la esencia de la democracia.
Estamos a tiempo de enmendar tanta injusticia no resuelta, hemos emprendido un camino que no debe virar ni parar, ni volvernos a traicionar, sería insoportable. Sin una política antiterrorista firme y digna con la defensa de los valores democráticos ante los que no puede haber transacciones que nos dejen desamparados ante la legitimación del terrorismo. Sin la aplicación de las leyes que hemos sabido consensuar para acabar con la máquina de matar que es ETA. Sin la aplicación de la justicia que debe tratar antes la sanción debida, el cumplimiento debido, que debe enfocarse hacia el arrepentimiento de los delitos y la reparación a las víctimas, la impunidad triunfará y las víctimas seremos también víctimas de la paz, como así recordaba nuestro manifiesto fundacional y nos enseño tan brillante y humanamente nuestro amigo y maestro Antonio Beristain, al que tanto echamos en falta.
Las víctimas no entendemos de maniobras políticas para intentar acabar con el monstruo, no diferenciamos, según una moda que no cesa y que contradice la verdad judicial española y europea al más alto nivel, entre la ETA militar y la política. Las víctimas defendemos una paz basada en la derrota de ETA, de su violencia y su proyecto, un final digno que no nos avergüence y nos mantenga escondidas en casa soportando la victoria legitimadora de nuestros asesinos.
Pedimos, exigimos, humilde pero firmemente al Gobierno de España y al Gobierno Vasco ser coherentes, seguir siendo coherentes, con estos principios, aprendiendo de los errores pasados aplicando el ejercicio de la política que mejor ha demostrado su eficacia para acabar bien esta larga y tortuosa historia negra. Resistir en la defensa de los valores que nos constituyen como una sociedad libre que quiere ser toda libre y libre de verdad. No engrasar las esperanzas de ETA en su intento endiablado de acabar con un relato que la justifique. Seguir reconociendo en las víctimas su valor pedagógico ese milagro social que ha consistido en nuestra lucha contra el odio y a favor de la convivencia desde el respeto a la legalidad, NOSOTROS SÍ, lo hemos demostrado durante décadas.
Es cierto que estamos avanzando y nos hemos comprometido con el cambio político en el País Vasco, por necesidad, por responsabilidad. Estos días se alzan sombras que nos retrotraen a escenarios pasados llenos de dudas y de sufrimiento para las víctimas. No vamos a bajar la guardia, no vamos a permitir que triunfe un relato justificador o conciliador con el terrorismo, que se negocien contraprestaciones de ningún tipo por el ejercicio de la violencia terrorista. Vamos a seguir reclamando justicia y compensación moral, social y política, porque así lo exige el recuerdo consciente de nuestros familiares y la historia de sufrimiento, de miedo y de persecución no acabada.
Marcos, Rogelio, Florencio. Es un honor, es una alegría poder contar con talentos como los vuestros. Es poco lo que podemos regalaros: nuestro agradecimiento, nuestra chiribita, nuestro reconocimiento porque habéis pasado a limpio lo que intuitivamente hemos venido defendiendo desde hace muchos años. Reconocemos vuestro esfuerzo, vuestra valía. Sois, nos sois muy necesarios por escasos. Creo que no tendréis tiempo suficiente para comprender la importancia de vuestro trabajo. Espero que las generaciones futuras os reconozcan en la media de vuestros méritos.
Muchas gracias
Cristina Cuesta. Presidenta de Covite. |